
“Anibal cruzando los Alpes, Tormenta de nieve” William Turner,Óleo sobre lienzo, 237,5 x 146 cm
Siguiendo con los epítetos para mi Turner sería la Fuerza… como bien dijo un crítico de su tiempo “hay un pintor que tiene la manía de pintar atmósferas” pues traspasaba la representación del mero paisaje convirtiendo sus obras en una alegoría de sentimientos. Le gustaba acompañarlas de poemas escritos por sí mismo, compañeros o por sus poetas favoritos.
En esta obra que os presento, sobre lo que podría parecer una temática histórica yo percibo mas bien algo psicológico y romántico… Aníbal atraviesa los Álpes en la base del cuadro pero sobre él se cierne una gran tormenta de nieve que es el elemento central de la obra. La naturaleza como fuerza superior al hombre, como si del mismo Destino se tratara, inexorable, cruda y descarnada… que envuelve y atrapa no solo a Aníbal sino al propio espectador.
He leído que cuando este cuadro se expuso el mismo Turner quiso que la situación de la obra fuese de manera que el espectador se hallara frente a la obra, de manera que se viera aun más inmerso en ella lo que hizo que tuviera un gran éxito.http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/606.htm) (
A nivel de la composición me gusta la estructura del cuadro, la manera en que distribuye los tonos claros y oscuros; envolvente, mostrando un cielo plomizo y gris con la tormenta que gira sobre si misma como en un torbellino que desplaza al espectador… como único punto mas marcadamente colorista y cálido un pequeño sol anaranjado que aporta un poco de su tonalidad a los hombres de Aníbal reflejados en una base oscura como la tormenta.
En cuanto a la técnica envidio a Turner, sus pinceladas sueltas su no definición de los elementos tan expresiva, su empleo del color en acuarelas y paisajes que derivó en una síntesis de la luz al final de sus días. Su gran capacidad de trasmitir y provocar estados de ánimo.
Para que podáis apreciar mejor esta obra aquí os dejo una versión más grande… imaginaos cómo sería estar ante el original, con casi dos metros y medio de largo, a la fuerza uno ha de quedarse sin aliento ante tal maravilla.




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