
La Fragua de Vulcano, Diego Velázquez, Óleo sobre lienzo, 223 x 290 cm.
Si Da Vinci es el Arte con mayusculas Velázquez sería la técnica. Y como muestra de ella he elegido éste cuadro pues en él no solo podemos apreciar la maestría de este sevillano en la ejecución de anatomía, el retrato o el claroscuro también su saber hacer en cuanto a composición del tema, el tratamiento del espacio y las influencias que grandes maestros como Caravaggio, Miguel Ángel, la pintura clasicista o Rubens (a instancias de quien realizó esta obra) ejercieron en su pintura.
Lo que me maravilla es como desde una estructura y composición más bien clasicista hace uso del claroscuro; solo un genio puede tomar las características propias de dos corrientes contrarias y armonizarlas de ésta manera y como aplica el color uniendo todas sus influencias en un mismo cuadro.
En la escena se nos presenta al dios Apolo cuando ante Vulcano y los componentes de su fragua da la noticia del adulterio de Venus con Marte. La historia de la mitología griega se nos presenta aquí totalmente humanizada, no hay cíclopes o dioses (la única alusión a la deidad es la corona de laurel y el aura que nos permiten identificar a Apolo) simplemente hombres en cuyo rostro se muestra la sorpresa. En realidad es una herrería como serían las contemporáneas a Velázquez, los objetos destacan por su realismo siendo esa otra de las grandes virtudes de nuestro genio de la pintura que captaba y plasmaba la realidad de las cosas de manera sublime como podemos apreciar en sus muchos retratos (en el que le hizo al papa Inocencio X dicen que el propio pontifice al verse dijo: “Demasiado real”)
Hay que destacar en la composición como las figuras ocupan por completo el espacio central y aunque se ve un pequeño paisaje al fondo no es este el encargado de dar profundidad al cuadro sino que las mismas figuras son las que lo aportan. La disposición de estas como en zig-zag, enfrentando unas con otras es lo que se llamó “emparedados de espacio”. También es destacable cómo Velázquez resaltó la anatomía pues las posturas se ven incluso un poco forzadas para que muestren así los músculos de manera más clara. Se nota aquí la influencia de Miguel Ángel quien mostraba por lo general cuerpos fuertes y robustos.
En cuanto al tratamiento del color y el claroscuro, como ya he dicho ambos son contrarios a las técnicas clasicistas que daban supremacía al dibujo frente al color o huían del tenebrismo que Caravaggio daba a sus pinturas con el claroscuro. Velázquez usa el claroscuro mas en el fondo lo que le permite dejarlo en un segundo plano, centra el color en Apolo (quien si sigue un poco más los cánones de la pintura italiana) y resalta la expresión en Vulcano y sus herreros no sólo en los rasgos faciales sino también en cuanto a las expresiones corporales.
Personalmente me encanta el segundo herrero por la derecha, la expresión de asombro de su cara, la increíble ejecución del hombro y los huesos de la espalda, los músculos del brazo… junto con el peto de armadura de la esquina inferior son mis partes favoritas del cuadro.
Y quería también mostraros ésto:
Estudio para la cabeza de Apolo, Diego Velázquez, Óleo sobre lienzo, 36 x 25 cm.
Me gusta mas que el definitivo rostro de Apolo en el cuadro anterior, pero hay que decir que éste es una rareza en Velázquez que solía pintar sin bocetos previos directamente sobre el lienzo. Aquí las sombras del perfil están más terminadas que en posterior cuadro y son algo menos espontáneas.
Y por si queréis apreciar mejor los detalles aquí os dejo las obras un pelín mas grandes. Disfrutadlas.

