Wish

•Octubre 9, 2008 • 6 comentarios

Wish, Jason Chan, Ilustración. (http://jasonchanart.blogspot.com)

Y tras muchos días de ausencia aquí os traigo una obra bastante mas actual que las que hemos estado comentando anteriormente y en un medio también novedoso en este espacio, la ilustración.

Me gusta de esta obra el toque oriental de la ambientación, con esas montañas del paisaje tan características de las tablas japonesas de la antiguedad y el estanque. Siempre que veo una pintura con uno en estos tonos no puedo evitar acordarme de Monet pero en este caso tenemos la trasparencia que la tinta parece aportar frente al óleo.  Al pie de la muchacha, entre las hojas de los nenúfares podemos ver incluso peces de colores.

La estructuración con el paisaje de fondo que se hace más difuso en la parte superior y con una escena que se nos plantea en primer plano y separada de dicho paisaje por un puente me lleva a plantearme muchas cosas.  Yo veo una obra claramente simbolista, que más allá de la belleza que tiene o del alto grado de calidad técnica me incita a pensar.   Me gusta mucho también la forma en que la mujer de rojo, sea espíritu o la personalización de ese “deseo” que nos apunta el autor con el título de la obra une el paisaje y la montaña con la muchacha protagonista de esta ilustración y cómo el movimiento descendente y sinuoso de los ropajes incide en esa sensación.

Pero lo que más me intriga de esta obra es el gesto, como de advertencia, que el “espíritu” dirige a la muchacha y la lámpara que sujeta… gesto que parece sorprenderle incluso a ella.

En conjunto me parece una ilustración bellísima, dulce y elegante… el único adorno que presentan las figuras es la vistosa flor que luce la muchacha, su ropa es de un blanco inmaculado, resaltado por la ausencia de detalles y la iluminación que le viene desde el punto inferior derecho.  El arco del puente cobija y enmarca dicha figura haciendo que recaiga en ella toda la fuerza y atención de la obra.


Y ya poco más puedo deciros, que no dejéis de ver el enlace que os puse de la página del autor, espero que os guste.  Que no dejéis de observar el arte que nos rodea, ya sea en obras clásicas o en otras modalidades mas actuales y agradeceros a los que seguís visitándome a pesar de la ausencia.

El sentido del Arte: “El libro del té”

•Julio 2, 2008 • 2 comentarios

Fragmento extraído de El libro del Té de Kakuzo Okakura:

Al mágico roce de la belleza, las más secretas fibras de nuestra sensibilidad salen de su sueño; en contestación a la llamada que se les hace vibran y se estremecen. El espíritu hace saltar notas de no se sabe dónde. Recuerdos de un sentido nuevo. Esperanzas sofocadas por el temor, accesos de ternura que no nos atrevemos a exteriorizar, se presentan vestidos con un esplendor reciente. Nuestro espíritu es la tela por la cual el artista extiende nuestras emociones y el claroscuro está hecho de la luz de nuestras alegrías y de la sombra de nuestras tristezas. La obra maestra está dentro de nosotros y nosotros estamos contenidos en la obra maestra.

La comunión de simpatía que es necesaria a la eclosión de la intimidad del Arte tiene por base concesiones recíprocas. El espectador ha de cuidar su actitud para recibir el mensaje; el artista ha de saber cómo ese mensaje se ha de enviar.El maestro del té Kobori Enshu, que era daimyo, nos ha dejado una huella memorable: “acercaos a un gran pintor con el mismo respeto que a un gran príncipe.” Para comprender una obra maestra, inclináos primeramente ante ella y esperad reteniendo el aliento que ella os hable.

Un crítico eminente, de la época de Sung hizo cierto día una confesión encantadora: “Cuando yo era joven -dijo- loaba al maestro cuyas obras me seducían; pero a medida que mi juicio fue madurando, me aplaudía yo mismo de ver que me agradaba aquello que los maestros habían creado para que me agradase.” Debe deplorarse que juegue entre nosotros tan poco la opinión de los que estudian de manera magistral. En nuestra testaruda ignorancia nos negamos a rendirles ese sencillo homenaje y nos privamos de la rica fiesta de belleza que exhiben ante nuestros ojos. Un maestro tiene siempre algo bueno que ofrecernos y nosotros nos quedamos con nuestra hambre simplemente porque carecemos de gusto.

Para quien, por el contrario, tiene el sentido del Arte, una obra maestra adquiere la calidad de una realidad viviente hacia la cual nos sentimos arrastrados por lazos de camaradería. Los maestros son inmortales, porque sus cariños y sus agonías viven en nosotros para toda la eternidad. Es no tanto la mano como el alma, la técnica como el hombre, lo que nos subyuga, y cuando más fuerte es la llamada, más decidida es la respuesta y es a causa de esta interior comprensión entre el maestro y nosotros por lo que padecemos y nos alegramos con los héroes y las heroínas de las novelas.

¿Quién es capaz de contemplar una obra maestra sin asustarse de la cantidad de pensamiento que nos mete por los ojos? No hay ninguna obra maestra, que no nos sea familiar y simpática. ¡Qué frías resultan, por el contrario, las producciones ordinarias de la hora presente! Allá un corazón humano que se espacia; aquí, nada más que un gesto formalista. Esclavos de la técnica, los modernos raras veces se elevan por encima de sí mismos. Como los músicos que probaron en vano de encantar al arpa de Lung Meng [un cuento que se narra anteriormente a lo que os estoy transcribiendo] no se ponen en verso más que a sí mismos. No negamos que sus obras se acerquen mas a los postulados de la ciencia pero se alejan de los sentimientos de la Humanidad.

Corre un viejo proverbio japones por esos mundos, según el cual una mujer no puede amar a un hombre excesivamente vanidoso, porque no hay en su corazón una rendija pro la cual pueda colarse el amor y llenarlo. La vanidad en el Arte es igualmente fatal a la simpatía, ya resida aquella en el corazón del artista, ya en el alma del público.

No conozco nada más sagrado y santificado que la unión de los espíritus afines en el tálamo del arte. En la culminación de ese encuentro el diletante artístico se supera a sí mismo. Es y no es al propio tiempo él mismo. Es y no es al mismo tiempo él mismo. Entrevé el resplandor del infinito, pero las palabras no le dan la medida de su gozo, porque los ojos no tienen lengua. Libertado de las cadenas de la materia, su espíritu se mueve dentro del ritmo de las cosas. De este modo es como el Arte emparenta con la religión y ennoblece la humanidad; eso es lo que convierte una obra maestra en una cosa sagrada.

Ariadne

•Junio 11, 2008 • 8 comentarios

Ariadne, John William Waterhouse, Óleo sobre lienzo, 91 x 151cm.

Aún con las pocas entradas que he escrito en el blog tengo una media de visitas diarias en torno a las 30… lo cual es de agradecer pero pocos sois los que comentáis.

Quizás llegáis aquí buscando información puntual sobre una obra o mis comentarios os han servido a algún estudiante para hacer los deberes un día (pues oye eso que habéis ganado) pero no quisiera que “Síndrome de Stendhal” se convirtiera en un monólogo así que voy a ver si os animo un poco…


Esta vez no voy a hacer un comentario… simplemente os presento una obra… miradla y contadme qué os sugiere, qué os llama la atención, qué os hace sentir…

¿Vais a traspasar el umbral u os quedareis en la puerta? no hay respuestas incorrectas, no hay lugar para la timidez pues somos todos desconocidos… solo el Arte y los sentidos se unen y nos dan un espacio para compartir…

Almendro en flor

•Mayo 2, 2008 • 6 comentarios

Almendro en flor, Vincent Van Gogh, Óleo sobre lienzo, 73,5 x 92 cm.

Si hay algo que me asombra de Van Gogh era su necesidad de pintar; más allá de su capacidad, de su vocación, de su enfermedad o de una recompensa económica que nunca tuvo lo que le hacía tomar sus pinceles era esa fuerza que le llevaba a plasmar todo aquello que veía o que podía usar como modelo. La pintura como acto en si mismo… por eso en su producción artística, tan numerosa, encontramos flores, paisajes, elementos de la vida cotidiana como podían ser sus botas. Y esa necesidad unida al deseo de explicar sus sentimientos a través de sus obras debido a la incapaz real de hacerlo en los momentos graves de su enfermedad.

Cuando empezaba a estudiar pintura la profesora nos dio unas láminas campestres para que las copiáramos… eran obras de Van Gogh y yo que estaba acostumbrada a sus obras mas impresionistas de pinceladas y emplastos quedé maravillada. Por esos dibujos obtuvo halagos pero sus profesores le animaron a desistir pues no sabía pintar… qué maravillosos ciertos académicos cuando con su incompetencia no hacen sino dar alas a los verdaderos creadores. Van Gogh demostró que eran ellos quienes no sabían ver.

Esta obra que os presento une esa parte de gran dibujante, magnífico pintor y la necesidad de pintar. Resultado de la alegría por el nacimiento de su sobrino, Vincent pintó este cuadro y puso tanto de sí mismo en él que al poco de acabarlo sufrió un ataque que le duró dos meses. Leo en ArteHistora el análisis que de su propia obra escribe a su hermano Theo en una carta: “El trabajo resultó bien; el último cuadro fueron ramas en flor. Ya verás, de mis trabajos es quizás el he pintado con más paciencia y mejor, con mucha calma y pinceladas más seguras”

Sobre un fondo azul unas ramas de almendro en flor que simbolizan el nacimiento y la felicidad. Como las clásicas estampas japonesas… pero con las pinceladas sueltas y libres de Van Gohg. Ante esta obra no me salen los análisis, es de esas que solo puedes mirar y mirar… me embelesa cualquier detalle, cualquier flor o trozo de rama.

Disculpadme si esperabais algo más detallado, simplemente os dejo frente a ella… no dejéis de visitar este enlace y contempladla al detalle. (Clickead en la lupa debajo del cuadro) Almendro en flor

Idilio en el mar

•Abril 22, 2008 • 6 comentarios

Idilio en el mar, Joaquin Sorolla, Óleo sobre lienzo.

Si algo define la pintura de Sorolla es la luz y el mar Mediterráneo pues lo sabe transmitir como nadie.

Es por eso que he elegido esta obra como representación del “idilio” que tuvo con su tierra natal este magnífico pintor. En ella podemos ver dos muchachos, chico y chica, bañados por el mar y la luz de la mañana. Los tonos ocres de la arena se funden con los azulados y verdes de las aguas dando una sensación húmeda y brillante (si hubiéramos elegido otra obra situada en la tarde como su famosa Niños en la playa serían tonos sienas y tierras). La piel en las figuras refleja el tono tostado de las gente que viven al lado del mar, la expresión en el rostro del muchacho es feliz intuimos incluso una sonrisa, el dominio de la anatomía infantil y la forma en que el vestido mojado se pega al cuerpo de la niña queda resaltado con el tratamiento de la luz. Nuestro pintor no hace como los impresionistas franceses que centrados en ella llegan a obviar los detalles de la composición, Sorolla aúna ambos pues los detalles también captan y reflejan la luz.

Las pinceladas son largas y sueltas, yo diría que adelgazadas… dotadas de gran movimiento como podemos apreciar a los pies del muchacho. Si os fijáis detenidamente es increíble como parecen flotar encima del agua mientras la parte de las rodillas permanecen cubiertas por el mar, os confieso que es mi parte favorita de la obra. Mediante esas pinceladas funde levemente los colores y delimita sombras. Es increíble como hasta en las sombras capta la luz Sorolla, detalle que se puede apreciar en la sombra de la muchacha con unas pinceladas claras en la zona de la cabeza o el muslo.

Me llama la atención que mientras la muchacha lleva vestido el chico está desnudo, no sé si sería costumbre de la época… el color del vestido me recuerda a un cuadro posterior a este La bata rosa.

En cuanto a la composición se puede apreciar una cierta diagonal que nos muestra una zona mas oscura, la superior, y otra mas clara, la inferior. Mientras que una es la zona del mar la otra es la playa y en el limite de una y otra las figuras de los niños con sus sombras. La parte inferior derecha no solo es mas clara, las pinceladas son menos visibles, los tonos están más fundidos… nos ayuda a tener la impresión de las olas que nos llevan hacia el mar resaltando el movimiento de este por contraposición.

Quizás haya cuadros más famosos de Sorolla y podía haberlos comentado aquí como el ya citado Niños en la playa o Paseo a orillas del mar pero este siempre me pareció precioso por unir varios puntos claves en la pintura de gran artista: la luz, el mar, la arena, los niños, la figura femenina… quizás es que éste me lleva a los veranos en Valencia de mi infancia cuando jugaba en la playa con mi hermano.

De todas maneras espero que no os quedéis solo en los cuadros comentados sino que si alguno capta vuestra atención u os llega de una manera especial sea solo el principio, que busquéis mas obras de ese autor o movimiento y mas información, que os forjéis vuestra opinión pero más aún que lleguéis a sentir a través del Arte pues poco a poco descubriréis que, como los buenos libros, una buena obra habla muchas veces de nosotros mismos.

Y si alguno leéis con asiduidad este blog espero disculpéis mi ausencia, prometo no descuidarlo a partir de ahora…

¿Qué es el Arte?

•Marzo 13, 2008 • 3 comentarios

Hoy me voy a permitir una pequeña reflexión, una qué todo artista se hace miles de veces en su camino como tal… ¿qué es el Arte? ¿cuál es el Arte que tenemos, queremos o realizamos hoy en día?

En la presentación de este blog expuse básicamente lo que es para mí el Arte: la exaltación de la belleza, la superioridad de los sentimientos a través de la representación pictórica (musical, etc no voy a olvidarme del resto de Artes), un trío perfecto entre el artista, su obra y el espectador que la contempla y/o escucha. Es por tanto y según mi opinión una mera figura la del artista, un ser supeditado a su obra que es la que realmente tiene importancia.

En el Arte clásico fácilmente reconocemos esa belleza, ese algo que nos hace sentir y formar parte del trinomio que antes señalaba; quizás también sea porque nos han educado a comprender y a sentirlo o porque reflejaban elementos básicos de nuestra existencia: el hombre, la naturaleza, los mitos… Uno puede no comprender el claroscuro de Caravaggio pero no por ello deja de sentirlo. El tiempo, que es un maravilloso filtro, nos ha facilitado la tarea perdurando hasta nosotros los que llamamos, no sin acierto, Genios. Artistas excepcionales que con su sabiduría sentaron las bases de lo que hoy somos.

Con la evolución de las artes los expresionistas e impresionistas, los cubistas, la pintura abstracta, el modernismo… traspasaron la linea un poco más haciendo en algunas ocasiones un arte mas complejo en cuanto a la comprensión. No por ello hemos de quitarles la etiqueta de Genios… quizás simplemente haga falta un poquito de instrucción o educación para llegar a comprenderlos pero el trío sigue funcionando, trasmiten. La belleza, los sentimientos fluyen entre el artista, la obra y los que accedemos a ellas.

En un momento de la Historia de Arte apareció el dinero, siempre el maldito dinero. No seré hipócrita es útil la transacción económica en el Arte, yo quisiera ser artista y poder vivir de lo que me dieran mis obras y mi trabajo. Incluso, si tuviera mucho dinero pujaría gustosa por grandes obras de Arte solo por el placer egoísta de contemplarlas. Incluso los Genios de la pintura vendían sus obras y llegaban a obtener alta posición económica, política o social con ello, no le echaré la culpa al maldito y asqueroso dinero. Se la echaré a la pobre voluntad de aquellos que se dicen artistas y prostituyen al Arte por conseguirlo a toda costa.

Tampoco voy a escudarme en mi incultura para decir que todo aquello que no comprendemos no es Arte. Kandinsky, cuyo libro De lo espiritual en el Arte es una de mis obras de referencia se escapa de mis límites y no por ello dejo de reconocerle su mérito e increíble genialidad. Con sus obras siento precisamente eso, son como un acertijo… sabes que algo trasmite pero no sabes qué, me falta ir descubriendo las claves con las que contemplar su obra tal y como él quería mostrarla.

Con el Arte actual me pasa como con Kandinsky, la diferencia es que no se si a mi me falta cultura para sentirlo o a ellos decencia para expresarlo. Lástima que el filtro del tiempo aquí no existe. Y ahí es donde echo la culpa al maldito y asqueroso dinero, al mercantilismo existente hoy en día en el mundo del Arte.

Ya lo decía Kandinsky en el libro antes citado, en el capítulo dos: El arte, que en estas épocas vive humillado, es utilizado exclusivamente para fines materiales. Busca su contenido en la “dura materia”, ya que no conoce la exquisita. Los objetos, cuya reproducción cree su única meta, permanecen inmutables. El “qué” del arte desaoparece eo ipso. La única pregunta que interesa es la de “cómo” se representa determinado objeto en relación con el artista. El arte pierde el alma.

El arte sigue por el camino del “cómo”, se especializa, sólo es comprensible a los mismos artistas, que empiezan a quejarse de la indiferencia del espectador hacia sus obras. Como en esas épocas el artista no necesita decir mucho y resalta y sobresale por un mínimo de “diferencia” que aprecian determinados grupos de mecenas y conocedores (¡lo que puede traer consigo grandes beneficios materiales! un gran número de personas superficialmente dotadas y hábiles se lanza sobre el arte que aparentemente se conquista con tanta facilidad. En cada “centro cultural” viven miles y miles de esos artistas, de los que la mayoría no busca mas que una nueva manera de crear millones de obras de artesin entusiasmo, con el corazón frío y el alma dormida.

El Arte no es sino un Alma Universal, algo que todos tenemos y a todos nos pertenece… ¿cómo llamar arte entonces a algunas “expresiones artísticas” (no quiero ni llamarles obras) cuyo único sentido es el dinero que generan, o el ego desmesurado de los que se dicen artistas?

Un ejemplo con el que me topé anteayer (generador de ésta reflexión y el asqueo que sufro los últimos días) En una bienal de “artes visuales” a un ser que se dice artista: GHV (omito el nombre porque ni una mínima publicidad quiero darle desde este blog a semejante individuo). Su obra titulada “eres lo que lees” consistió en colocar dicha frase en la pared con comida para perro y en el lado opuesto, sujeto con una corta cuerda Natividad, un perro callejero enfermo y moribundo. No se ha reseñado que nadie quisiera desatarlo ni se produjera un altercado en la exposición. Natividad murió y al autor de semejante vileza le dieron un premio.

¿Éste es el mundo del Arte hoy en día? Engendros, despropósitos y actos viles revestidos de la aureola de arte y ensaltado por los buitres que alimentan su ignominia…

Afortunadamente eso es solo una cara de la moneda del Arte… en la otra hay muchos artistas que, dignamente solo queremos expresarnos y compartir, hacer sentir, ayudar a pensar, aportar un granito de arena al mundo que entre todos construímos. Que ponemos un precio al trabajo que realizamos, muchas veces simplemente a las horas dedicadas… así que no dejéis de visitar museos o exposiciones pero sed críticos cuando os quieran vender falacias envueltas en celofanes y os digan que no entendéis por vuestra incultura.

Y si queréis Arte cuando vayáis a decorar vuestras paredes (y vuestras vidas) no compréis los cuadros en el mismo sitio que os vendan el sofá (no sólo os dan titanlux por óleos); en casi todas las ciudades hay cafés en la que los jóvenes artistas ponen a vender su trabajo para seguir creando y creciendo o plazas en las que las almas hablan. Buscad pues, cuando un lienzo, escultura u otro tipo de obra os mueva por dentro y lo compréis estaréis devolviendo un poco de dignidad al Arte, esa que el mercantilismo reinante nos quiere quitar día a día.

Aceituneras

•Febrero 28, 2008 • Dejar un comentario

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Aceituneras, Rafael Zabaleta, Óleo sobre lienzo, 81 x 100 cm

La obra que hoy os presento es de otro de mis artistas favoritos, Rafael Zabaleta. Nacido en Quesada (Jaén) en 1907 y desde mi punto de vista está muy poco valorado en nuestro país.

Lo primero que destaca en sus obras es el colorido, prácticamente puro. La mayoría de las veces extendía la pintura tal y como salía del tubo empleando como trío armónico los colores básicos: azul, rojo y amarillo. Los temas tratados tienen siempre el trasfondo andaluz, mas concretamente de sus tierras o el mismo Quesada al que, como en esta obra, muchas veces coloca de paisaje en el fondo. Nos muestra el trabajo en los campos no desde una manera reivindicativa sino con la sencillez de quien orgulloso nos muestra la vida cotidiana de sus gentes. Plasma escenas cotidianas, aves, paisajes interiores, bodegones, maternidades, parejas, desnudos o el trabajo del mismo pintor.

Pero si hay algo destacable en Zabaleta es su técnica compositiva. Él mismo decía: “Cualquiera de mis obras es objeto de meditación y lo más preocupante para mí, dedicándole más tiempo a organizarlo que pintarlo” como los grandes cubistas (el conocer a Picasso marco un momento decisivo en su obra) como si de una estructura arquitectónica se tratara los bocetos se van trasformando con líneas y volúmenes a los que simplemente quedará darles color en el lienzo.

En las Aceituneras podemos apreciar esa gran estructuración. Con los campos y el cielo de Quesada al fondo el autor nos presenta en primer plano un grupo de mujeres que trabajan en la aceituna. Se puede apreciar también una importante simetría aplicada en el cuadro. Como figura central una maternidad (otro de los temas recurrentes en Zabaleta) justo encima de ella el sol; detrás, una a daca lado y dándose la espalda una a otra dos mujeres que parecen estar trabajando en los árboles (también bastante simétricos); debajo otras dos mujeres que una frente a otra trabajan en un cesto común mientras en la base del lienzo otras dos mujeres descansan (nuevamente en distintos sentidos: una con la cabeza en la derecha del lienzo, tumbada boca arriba y otra con la cabeza en la izquierda y bocabajo).

Otra de las características de Zabaleta es la perfilación de sus figuras en las que usa tonos más oscuros que los empleados en ellas o un tono neutro muy oscuro. Y el contraste de colores para marcar los volúmenes que en esta obra podemos apreciar en las piernas o mangas de las campesinas.

Los colores aunque de una gama cálida se combinan con algunos quebrados como los grises de las faldas de algunas de las campesinas. Las carnes de las mujeres son deliberadamente anaranjadas, probablemente para indicar el continuo trabajo bajo el sol, pues si nos fijamos en la piel del bebé es mucho mas rosada. Las figuras son voluptuosas como casi todas las mujeres de Zabaleta, generosas de senos y glúteos aunque de sencilla expresión en sus rostros.

Os dejo el enlace de la Fundación Zabaleta para que veáis mas obras de éste genial artista y lo conozcáis un poco mejor. http://www.fundacionzabaleta.org/

Joven con perla

•Febrero 19, 2008 • 16 comentarios

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Joven con perla, Johannes Vermeer, Óleo sobre tabla, 25,7×19 cm.

Aquí os presento otro de mis cuadros favoritos y, probablemente, la obra más conocida de Vermeer. Si me gusta tanto, aparte de su belleza y calidad indiscutible, es por la sencillez no sólo de su motivo sino de su técnica. Ese es el gran talento de Vermeer según mi opinión, la aparente simplicidad.

Desde luego que no puedo evitar hablar de la luz al tratarse de este gran pintor (para mí junto con Sorolla uno de los que mejor saben expresarla) pues forma por si misma un medio de expresión más que un elemento pictórico. En la obra que os presento sobre un fondo oscuro una joven muchacha nos mira fijamente en escorzo. Ya la postura hace que nuestra atención recaiga en esos ojos… ¿porqué se vuelve a mirarnos? la boca entreabierta parece sugerir que atiende a nuestra llamada, detenida en el instante que va a contestarnos… ¿cómo nos atrapa de esa manera? básicamente por la luz, por la forma de emplear el color blanco como foco de luz y atención por parte de Vermeer, por el cuello de la camisa, por el detalle del brillo de la perla.

Otro elemento muy importante en la pintura de Vermer fácilmente apreciable en esta obra es el gusto por los colores puros. Incluso en las obras mas costumbristas con escenas de la vida cotidiana encontramos colores vivos en las figuras principales, amarillos, azules, rojos carmín, tierras armonizan entre sí. Como el contraste del ropaje ocre y siena con el azul del tocado y el pañuelo amarillo que cae sobre el, o el carmín tan luminoso de los labios. Y pensando que el soporte de la obra es una tabla aún se valora más esa luminosidad (pues es mucho más sencillo cuando se trata de un lienzo).

Pero si hay algo qué realmente me acerca a Vermeer es la forma de pintar, de dar las pinceladas tan estiradas que son casi imperceptibles lo que aporta a la obra elegancia y sobriedad. Me gusta cómo funde los colores sobre todo en los rostros, como aplica el color limpiamente, capa a capa pues eso se transmite en el conjunto y me demuestra que en esto de la Pintura hasta el mínimo detalle cuenta. Porque cuando miro esta obra y a esa muchacha que me mira desde el pasado veo esa pureza.

Os dejo una imagen más grande de la obra   para que podáis apreciar mejor lo que os digo de las pinceladas… buscadlas en el fondo o en el rostro y veréis que apenas se notan. Contemplad los tonos ocres del cuerpo sobre un tono mas oscuro, como mediante capas primero más densas y luego mas adelgazadas (con más medio o aceite) hace los volúmenes del hombro y la manga… cómo, aún en la sombra de la espalda, se pueden apreciar los detalles del vestuario de la joven… sencillamente maravilloso ¿no?

vermeer-joven-con-perla.jp  (clickead en el enlace y una vez que os salga la imagen dadle de nuevo)

Judith I

•Febrero 5, 2008 • 2 comentarios

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Judith I, Gustav Klimt, Óleo sobre lienzo con pan de oro, 84×42 cm.

He de reconocer que, hasta hace poco, Klimt no estaba entre mis autores favoritos… conocía El Beso y alguna otra obra que aunque me parecían interesantes no terminaban de agradarme por la cantidad de oro empleado o la mezcla de elementos decorativos.

Un amigo mio me enseñó algunas obras que a él le gustaban y para rematar vi un documental sobre el erotismo en la pintura de Klimt… digamos que me permitió no solo conocerlo un poco más sino también apreciarlo mejor. Entre todas las obras que comentaban en ese documental me llamó la atención éste, Judith I. Me gustan las figuras que ocupan casi todo el lienzo, le da fuerza al motivo que parece que va mas allá de la simple tela; me gustaron también el marco e incluso el dorado como fondo o detalle en el ropaje de la mujer pues no le resta protagonismo a la pintura (que era la sensación que tenía al contemplar otras obras). Como si de un Icono Bizantino se tratara rodea la figura otorgando el poder que merece.

Contemplo esta Judith y veo una mujer sensual, con fuerza, dominadora… dueña de su erotismo e incluso incitadora a él. Aunque nos pueda parecer en nuestros días algo normal no hemos de olvidar que la obra está datada en 1901, un tiempo en que la independencia femenina era, prácticamente, un mero proyecto…

Me gustan los tonos de la carnación, las sombras que tiran un poco hacia un gris verdoso al igual que la túnica trasparente que cubre el cuerpo en su mitad; es el mismo tono que usa en la cabeza de Holofernes y que sigue oscureciéndose en el rostro de la mujer para resaltar sus rasgos y su expresión tornándose un negro óptico en el pelo de ella y el contorno del paisaje del fondo.

La figura se nos presenta ligeramente desplazada del centro, el “peso” que recae sobre la cabeza de Holofrenes está contrarrestado por la fuerza del cabello de Judith que enmarca la cabeza, fijaos que no es una melena larga si no que deja el cuello al aire, perpendicular a los hombros que se presentan firmes y muy horizontales… es lo que nos da esa sensación de altivez y ofrecimiento al mismo tiempo. El mentón cuadrado podría tomarse como un rasgo más masculino que nos aleja de la representación de una mujer al uso sin embargo la dulzura del rubor de las mejillas, la boca entreabierta o los ojos como entornados… a mi entender nos encontramos ante una mujer entregada…

Estudiosos del Arte ven en este cuadro una unión del Eros y Thanatos, la sexualidad y la muerte en manos de la figura femenina… creo que es quedarse en una visión negativa y para mí, contemplando otras obras de Klimt, no creo que tuviera esa visión de la mujer. El erotismo como fuerza está claramente representado, Judith salvó a su pueblo de Holofernes mediante la seducción como medio para llevar a cabo el asesinato pero sin olvidar que como fin es el bien común y no la muerte en sí.

Para mí esta obra es precursora e indica una época y una emancipación de la mujer que no tardó muchos años en llevarse a cabo. Me gusta haber conocido más a fondo a éste gran artista y creo que su Judith I ha pasado a ser una de mis obras favoritas.

Aníbal cruzando los Álpes, Tormenta de Nieve

•Enero 31, 2008 • Dejar un comentario

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Anibal cruzando los Alpes, Tormenta de nieve” William Turner,Óleo sobre lienzo, 237,5 x 146 cm

Siguiendo con los epítetos para mi Turner sería la Fuerza… como bien dijo un crítico de su tiempo “hay un pintor que tiene la manía de pintar atmósferas” pues traspasaba la representación del mero paisaje convirtiendo sus obras en una alegoría de sentimientos. Le gustaba acompañarlas de poemas escritos por sí mismo, compañeros o por sus poetas favoritos.

En esta obra que os presento, sobre lo que podría parecer una temática histórica yo percibo mas bien algo psicológico y romántico… Aníbal atraviesa los Álpes en la base del cuadro pero sobre él se cierne una gran tormenta de nieve que es el elemento central de la obra. La naturaleza como fuerza superior al hombre, como si del mismo Destino se tratara, inexorable, cruda y descarnada… que envuelve y atrapa no solo a Aníbal sino al propio espectador.

He leído que cuando este cuadro se expuso el mismo Turner quiso que la situación de la obra fuese de manera que el espectador se hallara frente a la obra, de manera que se viera aun más inmerso en ella lo que hizo que tuviera un gran éxito.http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/606.htm) (

A nivel de la composición me gusta la estructura del cuadro, la manera en que distribuye los tonos claros y oscuros; envolvente, mostrando un cielo plomizo y gris con la tormenta que gira sobre si misma como en un torbellino que desplaza al espectador… como único punto mas marcadamente colorista y cálido un pequeño sol anaranjado que aporta un poco de su tonalidad a los hombres de Aníbal reflejados en una base oscura como la tormenta.

En cuanto a la técnica envidio a Turner, sus pinceladas sueltas su no definición de los elementos tan expresiva, su empleo del color en acuarelas y paisajes que derivó en una síntesis de la luz al final de sus días. Su gran capacidad de trasmitir y provocar estados de ánimo.

Para que podáis apreciar mejor esta obra aquí os dejo una versión más grande… imaginaos cómo sería estar ante el original, con casi dos metros y medio de largo, a la fuerza uno ha de quedarse sin aliento ante tal maravilla.

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