FELIZ NAVIDAD!!!

•diciembre 25, 2009 • Dejar un comentario

Adoración de los pastores, Murillo, Óleo sobre lienzo, 187 x 228 cm

Que la lluvia de la Felicidad os pille con el paraguas roto. Os empape y salpique a todos los que están a vuestro alrededor.

FELIZ  NAVIDAD  A  TODOS!!!

Metamorfosis de Narciso

•noviembre 14, 2009 • 3 comentarios

Metamorfosis de narciso

Metamorfosis de Narciso, Salvador Dalí, 1937, Óleo sobre lienzo, 50,8 x 78,3 cm.

Mito de Narciso, Salvador Dalí, poema (primeros y últimos versos)

Bajo el desgarrón de la negra nube que se aleja
la balanza invisible de la primavera
oscila
en el cielo nuevo de abril.
Sobre la más alta montaña,
el dios de la nieve,
su cabeza deslumbrante inclinada sobre el espacio
vertiginoso de los reflejos
se derrite de deseo
en las cataratas verticales del deshielo
aniquilándose ruidosamente entre los gritos
excrementales de los minerales
o
entre los silencios de los musgos
hacia el lejano espejo del lago
en el que
desaparecidos los velos del invierno,
acaba de descubrir
el relámpago fulgurante
de su imagen exacta.

Sólo queda de él
el alucinante óvalo de blancura de su cabeza,
su cabeza otra vez más tierna,
su cabeza crisálida de prejuicios biológicos,
su cabeza sostenida por las puntas de los dedos del agua,
por las puntas de los dedos
de la mano insensata
de la mano terrible
de la mano coprofágica,
de la mano mortal
de su propio reflejo.

Apuntaba Dalí que el poema que acompaña a la obra que hoy os presento debía guiarnos por “el modo de observar visualmente el transcurso de la metamorfosis de Narciso representada en mi cuadro” y nos prepara para su contemplación “Si se mira durante algún tiempo, con un ligero retroceso y una cierta fijeza distraída, la figura hipnóticamente inmóvil de Narciso, ésta desaparece progresivamente, hasta volverse absolutamente invisible.La metamorfosis del mito se produce en ese momento exacto, pues la imagen del Narciso se transforma súbitamente en la imagen de una mano que emerge de su propio reflejo. Esta mano sostiene con la punta de sus dedos un huevo, una semilla, el bulbo del cual nacerá el nuevo Narciso: la flor. Al lado se puede observar la escultura caliza de la mano, mano fósil del agua que sostiene la flor abierta.”

Solo hay dos obras en las que Dalí complementa su expresion pictórica con poemas, en la Metamorfosis de Narciso y en El gran masturbador como una interpretacion coherente de temas irracionales. Más allá de la belleza o la calidad de Dalí en sus obras es ese punto lo que me atrapa de el… como llega a plasmar, a sacar de su cabeza no solo imágenes sino pensamientos, reflexiones, metáforas, fobias… en sí la mente misma del artista, su alma al completo encerrada en un bastidor y unas mixturas.

Dalí, desde mi punto de vista, es la imaginación en el Arte.  Es como una mente infantil pero no por su inmadurez sino por la absoluta capacidad de hacer de su mundo interior algo real… un niño pone una manta entre dos sillas y tiene una casa… Dalí pinta la Metamorfosis de Narciso y nos muestra un cambio en sí mismo, un canto al amor que siente por Gala (dice de ella que es su narciso) considerándola no otra persona sino parte de si, de su propio reflejo.

Pero más allá de lo que llevó a Dalí a pintar esta obra o el cómo y porqué lo hizo quisiera que os centrarais en ella… ya de niña creo que fue una de mis obras favoritas de Dalí. Cómo crea ese reflejo entre esa zona cálida del fondo y un primer plano mas frío… pero, sobre todo, como dos estructuras aparentemente similares son a la vez una figura humana y una mano que nos brinda un huevo del que nace una flor. Cómo lo que por un lado es un Narciso inclinado ante su reflejo en las aguas de un rio por otro es una mano que ensalza y presenta el nacimiento de algo.

Una dualidad que no deja de ser uno en esencia.

Wish

•octubre 9, 2008 • 7 comentarios

Wish, Jason Chan, Ilustración. (http://jasonchanart.blogspot.com)

Y tras muchos días de ausencia aquí os traigo una obra bastante mas actual que las que hemos estado comentando anteriormente y en un medio también novedoso en este espacio, la ilustración.

Me gusta de esta obra el toque oriental de la ambientación, con esas montañas del paisaje tan características de las tablas japonesas de la antiguedad y el estanque. Siempre que veo una pintura con uno en estos tonos no puedo evitar acordarme de Monet pero en este caso tenemos la trasparencia que la tinta parece aportar frente al óleo.  Al pie de la muchacha, entre las hojas de los nenúfares podemos ver incluso peces de colores.

La estructuración con el paisaje de fondo que se hace más difuso en la parte superior y con una escena que se nos plantea en primer plano y separada de dicho paisaje por un puente me lleva a plantearme muchas cosas.  Yo veo una obra claramente simbolista, que más allá de la belleza que tiene o del alto grado de calidad técnica me incita a pensar.   Me gusta mucho también la forma en que la mujer de rojo, sea espíritu o la personalización de ese “deseo” que nos apunta el autor con el título de la obra une el paisaje y la montaña con la muchacha protagonista de esta ilustración y cómo el movimiento descendente y sinuoso de los ropajes incide en esa sensación.

Pero lo que más me intriga de esta obra es el gesto, como de advertencia, que el “espíritu” dirige a la muchacha y la lámpara que sujeta… gesto que parece sorprenderle incluso a ella.

En conjunto me parece una ilustración bellísima, dulce y elegante… el único adorno que presentan las figuras es la vistosa flor que luce la muchacha, su ropa es de un blanco inmaculado, resaltado por la ausencia de detalles y la iluminación que le viene desde el punto inferior derecho.  El arco del puente cobija y enmarca dicha figura haciendo que recaiga en ella toda la fuerza y atención de la obra.


Y ya poco más puedo deciros, que no dejéis de ver el enlace que os puse de la página del autor, espero que os guste.  Que no dejéis de observar el arte que nos rodea, ya sea en obras clásicas o en otras modalidades mas actuales y agradeceros a los que seguís visitándome a pesar de la ausencia.

El sentido del Arte: “El libro del té”

•julio 2, 2008 • 3 comentarios

Fragmento extraído de El libro del Té de Kakuzo Okakura:

Al mágico roce de la belleza, las más secretas fibras de nuestra sensibilidad salen de su sueño; en contestación a la llamada que se les hace vibran y se estremecen. El espíritu hace saltar notas de no se sabe dónde. Recuerdos de un sentido nuevo. Esperanzas sofocadas por el temor, accesos de ternura que no nos atrevemos a exteriorizar, se presentan vestidos con un esplendor reciente. Nuestro espíritu es la tela por la cual el artista extiende nuestras emociones y el claroscuro está hecho de la luz de nuestras alegrías y de la sombra de nuestras tristezas. La obra maestra está dentro de nosotros y nosotros estamos contenidos en la obra maestra.

La comunión de simpatía que es necesaria a la eclosión de la intimidad del Arte tiene por base concesiones recíprocas. El espectador ha de cuidar su actitud para recibir el mensaje; el artista ha de saber cómo ese mensaje se ha de enviar.El maestro del té Kobori Enshu, que era daimyo, nos ha dejado una huella memorable: “acercaos a un gran pintor con el mismo respeto que a un gran príncipe.” Para comprender una obra maestra, inclináos primeramente ante ella y esperad reteniendo el aliento que ella os hable.

Un crítico eminente, de la época de Sung hizo cierto día una confesión encantadora: “Cuando yo era joven -dijo- loaba al maestro cuyas obras me seducían; pero a medida que mi juicio fue madurando, me aplaudía yo mismo de ver que me agradaba aquello que los maestros habían creado para que me agradase.” Debe deplorarse que juegue entre nosotros tan poco la opinión de los que estudian de manera magistral. En nuestra testaruda ignorancia nos negamos a rendirles ese sencillo homenaje y nos privamos de la rica fiesta de belleza que exhiben ante nuestros ojos. Un maestro tiene siempre algo bueno que ofrecernos y nosotros nos quedamos con nuestra hambre simplemente porque carecemos de gusto.

Para quien, por el contrario, tiene el sentido del Arte, una obra maestra adquiere la calidad de una realidad viviente hacia la cual nos sentimos arrastrados por lazos de camaradería. Los maestros son inmortales, porque sus cariños y sus agonías viven en nosotros para toda la eternidad. Es no tanto la mano como el alma, la técnica como el hombre, lo que nos subyuga, y cuando más fuerte es la llamada, más decidida es la respuesta y es a causa de esta interior comprensión entre el maestro y nosotros por lo que padecemos y nos alegramos con los héroes y las heroínas de las novelas.

¿Quién es capaz de contemplar una obra maestra sin asustarse de la cantidad de pensamiento que nos mete por los ojos? No hay ninguna obra maestra, que no nos sea familiar y simpática. ¡Qué frías resultan, por el contrario, las producciones ordinarias de la hora presente! Allá un corazón humano que se espacia; aquí, nada más que un gesto formalista. Esclavos de la técnica, los modernos raras veces se elevan por encima de sí mismos. Como los músicos que probaron en vano de encantar al arpa de Lung Meng [un cuento que se narra anteriormente a lo que os estoy transcribiendo] no se ponen en verso más que a sí mismos. No negamos que sus obras se acerquen mas a los postulados de la ciencia pero se alejan de los sentimientos de la Humanidad.

Corre un viejo proverbio japones por esos mundos, según el cual una mujer no puede amar a un hombre excesivamente vanidoso, porque no hay en su corazón una rendija pro la cual pueda colarse el amor y llenarlo. La vanidad en el Arte es igualmente fatal a la simpatía, ya resida aquella en el corazón del artista, ya en el alma del público.

No conozco nada más sagrado y santificado que la unión de los espíritus afines en el tálamo del arte. En la culminación de ese encuentro el diletante artístico se supera a sí mismo. Es y no es al propio tiempo él mismo. Es y no es al mismo tiempo él mismo. Entrevé el resplandor del infinito, pero las palabras no le dan la medida de su gozo, porque los ojos no tienen lengua. Libertado de las cadenas de la materia, su espíritu se mueve dentro del ritmo de las cosas. De este modo es como el Arte emparenta con la religión y ennoblece la humanidad; eso es lo que convierte una obra maestra en una cosa sagrada.

Ariadne

•junio 11, 2008 • 8 comentarios

Ariadne, John William Waterhouse, Óleo sobre lienzo, 91 x 151cm.

Aún con las pocas entradas que he escrito en el blog tengo una media de visitas diarias en torno a las 30… lo cual es de agradecer pero pocos sois los que comentáis.

Quizás llegáis aquí buscando información puntual sobre una obra o mis comentarios os han servido a algún estudiante para hacer los deberes un día (pues oye eso que habéis ganado) pero no quisiera que “Síndrome de Stendhal” se convirtiera en un monólogo así que voy a ver si os animo un poco…


Esta vez no voy a hacer un comentario… simplemente os presento una obra… miradla y contadme qué os sugiere, qué os llama la atención, qué os hace sentir…

¿Vais a traspasar el umbral u os quedareis en la puerta? no hay respuestas incorrectas, no hay lugar para la timidez pues somos todos desconocidos… solo el Arte y los sentidos se unen y nos dan un espacio para compartir…

Almendro en flor

•mayo 2, 2008 • 6 comentarios

Almendro en flor, Vincent Van Gogh, Óleo sobre lienzo, 73,5 x 92 cm.

Si hay algo que me asombra de Van Gogh era su necesidad de pintar; más allá de su capacidad, de su vocación, de su enfermedad o de una recompensa económica que nunca tuvo lo que le hacía tomar sus pinceles era esa fuerza que le llevaba a plasmar todo aquello que veía o que podía usar como modelo. La pintura como acto en si mismo… por eso en su producción artística, tan numerosa, encontramos flores, paisajes, elementos de la vida cotidiana como podían ser sus botas. Y esa necesidad unida al deseo de explicar sus sentimientos a través de sus obras debido a la incapaz real de hacerlo en los momentos graves de su enfermedad.

Cuando empezaba a estudiar pintura la profesora nos dio unas láminas campestres para que las copiáramos… eran obras de Van Gogh y yo que estaba acostumbrada a sus obras mas impresionistas de pinceladas y emplastos quedé maravillada. Por esos dibujos obtuvo halagos pero sus profesores le animaron a desistir pues no sabía pintar… qué maravillosos ciertos académicos cuando con su incompetencia no hacen sino dar alas a los verdaderos creadores. Van Gogh demostró que eran ellos quienes no sabían ver.

Esta obra que os presento une esa parte de gran dibujante, magnífico pintor y la necesidad de pintar. Resultado de la alegría por el nacimiento de su sobrino, Vincent pintó este cuadro y puso tanto de sí mismo en él que al poco de acabarlo sufrió un ataque que le duró dos meses. Leo en ArteHistora el análisis que de su propia obra escribe a su hermano Theo en una carta: “El trabajo resultó bien; el último cuadro fueron ramas en flor. Ya verás, de mis trabajos es quizás el he pintado con más paciencia y mejor, con mucha calma y pinceladas más seguras”

Sobre un fondo azul unas ramas de almendro en flor que simbolizan el nacimiento y la felicidad. Como las clásicas estampas japonesas… pero con las pinceladas sueltas y libres de Van Gohg. Ante esta obra no me salen los análisis, es de esas que solo puedes mirar y mirar… me embelesa cualquier detalle, cualquier flor o trozo de rama.

Disculpadme si esperabais algo más detallado, simplemente os dejo frente a ella… no dejéis de visitar este enlace y contempladla al detalle. (Clickead en la lupa debajo del cuadro) Almendro en flor

Idilio en el mar

•abril 22, 2008 • 7 comentarios

Idilio en el mar, Joaquin Sorolla, Óleo sobre lienzo.

Si algo define la pintura de Sorolla es la luz y el mar Mediterráneo pues lo sabe transmitir como nadie.

Es por eso que he elegido esta obra como representación del “idilio” que tuvo con su tierra natal este magnífico pintor. En ella podemos ver dos muchachos, chico y chica, bañados por el mar y la luz de la mañana. Los tonos ocres de la arena se funden con los azulados y verdes de las aguas dando una sensación húmeda y brillante (si hubiéramos elegido otra obra situada en la tarde como su famosa Niños en la playa serían tonos sienas y tierras). La piel en las figuras refleja el tono tostado de las gente que viven al lado del mar, la expresión en el rostro del muchacho es feliz intuimos incluso una sonrisa, el dominio de la anatomía infantil y la forma en que el vestido mojado se pega al cuerpo de la niña queda resaltado con el tratamiento de la luz. Nuestro pintor no hace como los impresionistas franceses que centrados en ella llegan a obviar los detalles de la composición, Sorolla aúna ambos pues los detalles también captan y reflejan la luz.

Las pinceladas son largas y sueltas, yo diría que adelgazadas… dotadas de gran movimiento como podemos apreciar a los pies del muchacho. Si os fijáis detenidamente es increíble como parecen flotar encima del agua mientras la parte de las rodillas permanecen cubiertas por el mar, os confieso que es mi parte favorita de la obra. Mediante esas pinceladas funde levemente los colores y delimita sombras. Es increíble como hasta en las sombras capta la luz Sorolla, detalle que se puede apreciar en la sombra de la muchacha con unas pinceladas claras en la zona de la cabeza o el muslo.

Me llama la atención que mientras la muchacha lleva vestido el chico está desnudo, no sé si sería costumbre de la época… el color del vestido me recuerda a un cuadro posterior a este La bata rosa.

En cuanto a la composición se puede apreciar una cierta diagonal que nos muestra una zona mas oscura, la superior, y otra mas clara, la inferior. Mientras que una es la zona del mar la otra es la playa y en el limite de una y otra las figuras de los niños con sus sombras. La parte inferior derecha no solo es mas clara, las pinceladas son menos visibles, los tonos están más fundidos… nos ayuda a tener la impresión de las olas que nos llevan hacia el mar resaltando el movimiento de este por contraposición.

Quizás haya cuadros más famosos de Sorolla y podía haberlos comentado aquí como el ya citado Niños en la playa o Paseo a orillas del mar pero este siempre me pareció precioso por unir varios puntos claves en la pintura de gran artista: la luz, el mar, la arena, los niños, la figura femenina… quizás es que éste me lleva a los veranos en Valencia de mi infancia cuando jugaba en la playa con mi hermano.

De todas maneras espero que no os quedéis solo en los cuadros comentados sino que si alguno capta vuestra atención u os llega de una manera especial sea solo el principio, que busquéis mas obras de ese autor o movimiento y mas información, que os forjéis vuestra opinión pero más aún que lleguéis a sentir a través del Arte pues poco a poco descubriréis que, como los buenos libros, una buena obra habla muchas veces de nosotros mismos.

Y si alguno leéis con asiduidad este blog espero disculpéis mi ausencia, prometo no descuidarlo a partir de ahora…

 
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